11 sept. 2009

Gitana

Llegaba tarde, otra vez. Soy puntual, pero con Lucía no lo consigo, será un trauma abandonado y tan enterrado que ni yo lo recuerdo.
Yo caminaba bastante impedida de dos de mis sentidos, la audición, por el mp3 y la visión, por las gafas de sol. Cuando se acerca a mi una gitana típica, tan típica que la hubiera pintado y colgado en algún bar de tapas de tortilla. Me repetía algo, con un ramito de romero a 1 cm de mi cara, yo, como ya dije, impedida, le dije gritando, NO, GRACIAS!!!- gritando porque con los auriculares no controlaba el volumen de mi voz.
Cuando llegué donde me esperaba Lucía, se lo conté, a ella le hacía mucha gracia que la gitana por poco me hiciera tragar el ramito de romero…
Dimos una vuelta y decidimos ir a tomar algo, de camino, la ví, la gitana venía de frente hacia mi, directa: yo le decía a lucía: oh no! la gitana, otra vez la madre que lo parió.
- Nena, coge el ramito, anda nena… -No, gracias pero no…
Nos fuimos otra vez, en sentido contrario, alejándonos de ella, lo máximo posible, a Lucía le seguía haciendo mucha gracia…

La tercera vez fue la gota que colmó el vaso, otra vez de frente, sin escapatoria… se para frente a mi y me dice: Mira nena: cuantas veces nos hemos encontrado ya? Cógeme el ramito! (Lucía a unos 5 mts de nosotras caminaba alejándose y ya no le hacía tanta gracia)
- vale está bien, pero no tengo mucho. Le di 50 cents y me dio el ramito. También me dijo si quería que me leyera la mano, a lo que me negué. El ramito quedo colgando en casa algunos días hasta que se secó y nos lo comimos.

Cuando cuento esta historia surgen muchos comentarios, “menos mal que cogiste el ramito”, “ten cuidado con esas cosas”, “tienes que repetir esta frase para que no te eche mal de ojo” Yo por ahora no me siento con mal de ojo… estaré al tanto…